miércoles, 19 de octubre de 2016

Montera



Llueve en la calle Montera
ahogando las flores tristes
que enraízan en las aceras.

El rocío de sus ojos
se diluye con su pena,
tiñiendo de nostalgia
la sangre que corre en sus venas.

Se llena su alma de polvo,
violada por una ajena
que solo busca su gozo
y le impone la condena.

Extraños con sus prejuicios
que no notan su tristeza
cuya conciencia antes viva
se refugia bajo tierra.

Dulces almas hoy manchadas,
ecos de una niñez tierna,
sonrisas antes brillantes
hoy reflejan tierra yerma.

Cicatrices disfrazadas
defendidas por las fieras
usando el falso nombre
de una libertad ya muerta.

Esclavismo asimilado
convertido en compra y venta;
poco estudiado síntoma
de una sociedad enferma.

Esta noche se usan cuerpos
mientras lloran las estrellas:
vidas que son un regalo,
pero nadie las respeta.

Sus sueños de bella infancia,
en simples sueños se quedan;
sin que venga el esperado
príncipe, sin ser ellas princesas.

Llueve en la calle Montera
ahogando las flores tristes
que enraízan en las aceras.




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