miércoles, 31 de agosto de 2016

Cáscara

Coraza de duro acero,
falso corazón de piedra;
el amor, un recuerdo ciego
de un cariño que ya no era.

Voz que ahora no tiembla,
maquillaje de sonrisa;
ilusiones que no sueñan
matadas por la prisa.

Las promesas, con pinzas;
pies de plomo, en la tierra.
Mejor ser egoísta
que morir por la pena.

Tu cuerpo, tu trinchera;
sin hogar ni más refugio
que la sangre de tus venas,
de latidos en desuso.

La esperanza ya está muerta
en tumba sin epitafio;
y tus ojos no reflejan
ningún buen presagio.

Hoy no sientes, solos piensas.
Tus pupilas, un agujero.
Tu pulso ya no se encuentra.
Tu futuro viste de negro.



martes, 9 de agosto de 2016

Soneto del capitán

Mis barcos no aguantan ya tu abordaje:
se hunden como si fueran papel.
Contra ti no sirve ningún anclaje,
ya no ofrece lucha este timonel.

El olvido no pagó tu peaje,
y mi memoria sigue siendo fiel;
parece que mientras dure mi viaje
tú seguirás tatuada en mi piel.

“Mis barcos se hunden solo al mencionarte”,
y no parece que pueda escapar
si mis noches se empeñan en soñarte.

No hay en este mundo un azulado mar
donde dejar tus recuerdos aparte;
otro día más, me dejo matar.


miércoles, 3 de agosto de 2016

Hoy, que no hicimos aniversario - Mi deuda y mi llanto

Hoy, que mis palabras se suicidan lanzándose al vacío de tu recuerdo.
Hoy, que tu sonrisa ya no está,
que huyó lejos
al sentir el frío
detrás de mis versos.

Hoy me viene el recuerdo
de la promesa no cumplida
de un texto.

De un texto escrito en mi mente
que no se llegó a plasmar.

De un texto que, si intentara escribir,
me haría llorar.

Unos versos que hablaban de ti,
de la tranquilidad que me daban tus abrazos,
del mar en calma que eras cada noche de tormenta
para este pequeño barco.

Hablaban de lo que en realidad te necesitaba
de como sin ser lo que pedía,
sin ser lo que buscaba,
eras lo que podía arreglar mi humilde vida.

Contaban como me balanceaba en tu sonrisa,
como Dios nos hizo el uno para el otro;
como sanaste cada una de mis espinas,
aunque sangraran tus dedos.

Versos que querían susurrarte
que estábamos sincronizados;
que este guerrero no necesitaba baluarte
si mi seguridad quedaba en tus manos.

Me acuerdo de ese texto que nunca te escribí,
que dudaste, al final, que existiera.
Esas líneas que querían retratarte y, así,
intentar dedicarte algo que mereciera la pena.

Y me acuerdo de ese final;
de ese último beso camino del último asalto;
de ese día azul con tormenta en nuestros ojos;
de las últimas  palabras que nos cruzamos.

Me acuerdo del dolor,
me acuerdo de mi llanto.
De mi ojos pidiendo perdón,
y de mi derrumbe tan mal disimulado.

Hoy, que no hicimos aniversario;
que tu piel está lejos,
que me recordarás como un amor de verano,
como alguien que solo hizo daño.

Hoy me acuerdo de ti, y te hablo:
pero te hablo al papel,
que puede sostener todo mi fracaso,
sin abrir cicatrices,
sin volver a herirte,
sin intentar decirte,
que para olvidarte
y dejar de pensarte cada puto día,
para dejar de arrepentirme
necesitaré dos o tres vidas.