sábado, 30 de julio de 2016

Soneto XXIII

El polvo se acumula en cada esquina.
La gris soledad campa a sus anchas.
No sobreviví a la blanca avalancha
de todas tus ausencias en mi retina.

Maldito tiempo, todo lo fulmina;
mis huesos no aguantan otra revancha.
Pasarán años, y tu negra mancha
 seguirá en mi piel, mientras la calcina.

Es de día, pero, sin ti, está oscuro;
y la cama es una prisión azul
siendo tus rojos silencios los muros.

Ya no caben recuerdos en el baúl;
ya no hay gritos, solo verdes susurros,
y una tumba con madera del último abedul.