viernes, 17 de junio de 2016

Oda [a una amiga]


Una curva en su cara
me habla de mejores tiempos
mientras la luz de sus ojos,
clara,
detiene el segundero;

y explotan todos mis relojes
con cada una de sus palabras;
con cada uno de sus abrazos,
se encogen
y desaparecen, todos mis fantasmas.

Nunca has conocido la alegría
si no has pasado una tarde a su lado;
ni habrás conocido la belleza,
si su risa
no te ha hecho querer morir en sus brazos;

si el roce de su piel no ha estremecido
tu corazón,
si no lo ha dejado temblando;
si no has pensado que el invierno,
desde que la conoces,
ha quedado derrotado.



Porque ella es pura primavera
y, a la vez, el sol del verano;
porque mi alma esta bendita
desde que la meció entre sus manos.

Porque yo no sé lo que daría,
para que el cielo le devuelva
aunque fuera,
la mitad de las sonrisas
que ella está dejando en esta Tierra.

Joder, no encuentro las palabras para describirla
ni a ella
ni a su pelo moreno, ni a su piel hecha de arena.

Solo sé que lo que me han contado:
que el viento corre porque intenta llevársela,
que la noche la quiere como nueva reina
que el Sol llora cuando ella tiene pena;
que Extremadura echa de menos a su niña,
y todos los espejos desean ver como se peina,
que la marea sube para besar sus piernas,
que está en el Mundo para dejar su estela.

Que los almohadas están llenas de sueños
y el Universo lleno de suspiros
que llevan su nombre.

Y los aviones en los aeropuertos
se niegan a despegar,
porque no quieren dejarla atrás.

Y las rocas se han reblandecido,
y la oscuridad ha quedado enterrada;
y con sus besos ha florecido
el desierto que tenía a mi ilusión embargada.

[No voy a hacerle honra a tu acento
con estas pequeñas líneas;
pero me pediste que te dedicara unos versos
y aquí los tienes, mi niña.]

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