sábado, 16 de abril de 2016

Noche

Esa tarde, la estación no se llevó trenes, se llevó esperanzas.
Se llevó futuros, se llevó destinos. A cambio, me dejó lágrimas.
Me dejó en la sombra de un eclipse,
con esa luz que permite distinguir, pero no ilumina.
Tapó mi Sol, y no hay viento que aleje esa nube.
Supongo que es verdad, y que todo se termina.

¿Qué queda? Si la luz se apagó, y nadie encendió las velas.
Si nos quedamos en  nuestra soledad,
sabiendo abandonada en la calle nuestra única oportunidad
de ser felices.

Si nos rendimos antes de empezar la carrera,
si nos pisamos los pies antes de salir a la pista de baile,
si la pareja perfecta se quedó averiada en la cuneta,
si la grúa se llevó a arreglar solo una de las partes.



Si los cimientos de las promesas son débiles,
si se han derrumbado, dejando todo irreconstruible;
si en cada beso te daba mi vida,
si ahora no se que vivir, ni entiendo porque siguen su curso los días.

El tiempo no lo cura todo, el reloj no es un maldito médico;
creed eso si os ayuda a seguir cada día sobreviviendo.
Pero a mí solo me curaban las caricias de sus dedos,
y ahora solo oigo a los míos quejándose, echándola de menos.

Otras mujeres se cruzarán en mi camino, eso es cierto;
y las querré como se merezcan, como más pueda.
Pero este corazón no fue descubierto por ninguna de ellas;
su suelo conservará siempre cada una de sus huellas.

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