martes, 8 de marzo de 2016

No es humor

Para el pequeño, todo eran risas;
en casa, parece que a nadie le pesa
que, sin pensarlo dos veces, el padre en la mesa
se divierta contando chistes machistas.

Con sus amigos, la misma cultura bebía,
haciendo  educación física más amena,
gritándole en cada una de las carreras
esa frase de “¡corres como una niña!”.

Ya en la adolescencia, la televisión le adoctrina:
que las mujeres son las que deben ser tiernas,
que el debe satisfacer su entrepierna;
por ello, a sus novias solo las utiliza.

Ella se enamoró de él con diecinueve,
demostrando que el amor es ciego,
porque a ella le parecían un juego
todas sus bromas sobre las mujeres.

Ella le quería, y siempre estaba defendiéndole
cuando sus amigas le decían que no era bueno
como la trataba, a su mente y a su cuerpo;
y les decía que en su vida no se metiesen.

“No les hagas caso. Sólo tienen envidia”;
le susurraba él por las noches en el lecho
mientras con sus amigos hablaba de su obsequio:
“La tengo comiendo de mi mano. Es mía”.

Pero cuando ella sale, él no confía.
“¿y si me engaña?¿Y si me pone los cuernos?
¿Por qué sale tanto? ¿Por qué no ha vuelto?”
Y a solas, él enloquecía.

“No quiero que veas tanto a tu familia;
ya sabes que ahora yo soy tu dueño”.
“Es porque me quiere, son pequeños celos”;
así ella misma se convencía.

Se repetía: “todo esto es un bache”,
aunque ya no salía de casa apenas;
su habitación se convirtió en la celda
donde esperaba que él llegase.

Esta historia no acaba con alegría:
no era de amor este cuento.
Al final de tanto aguantar, un entierro;
y él gritando que la quería.

Pero no olvidemos como empezó esta vida:
En casa, era bueno cualquier momento
para contar chistes, y terminar diciendo:
“es solo humor, yo no soy machista”.




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