lunes, 28 de marzo de 2016

Vals con Soledad

Silencio. Susurros. Se abre el telón.
Salimos a escena, comienza el baile.
En el haz de luz, Soledad y yo.

Ella es intangible, como lo es el aire;
no se ve, pero notas su presión.
Ella es una Diosa, yo un mero fraile.

Ella se mueve y danza con pasión;
como veleta, me dejo llevar;
mejor no estropear su actuación.

Nunca es primera opción para bailar,
nadie quiere llevarla de la mano,
nadie la elige para ningún vals.

Pero no os dejéis llevar a engaño,
cuando ella venga, dejad que os abrace;
aunque a veces te pise, será un buen trato.

No es lo que parece, no es una cárcel;
es tu propio interior, que se hace hueco;
tiene puertas, pero tú tienes llaves.

Habla con ella cuando escuches su eco,
que te acompañe unos cuantos compases,
atrévete a mirar bajo su velo.

Compruébalo, el baile no ha sido en balde
tras su oscuridad está tu reflejo
tus miedos y tus inseguridades.

Yo bailaré con ella, sin miedo;
los zapatos de cristal dejan heridas,
pero bailar contigo mismo es un reto

que echa un bálsamo, y las cicatriza.
Silencio. Aplausos. Se cierra el telón.
El resto del baile es fuera de pista.
Soledad tiene hueco en mi corazón.



No hay comentarios:

Publicar un comentario