martes, 1 de diciembre de 2015

Hoy es el día

Un día más se apaga, y el Sol se esconde tras ese horizonte que se aleja cada vez que intentas abrazarlo, al igual que la felicidad.

Mientras se cierne la oscuridad, piensas como la Luna consigue, entre tantas sombras, brillar. Piensas como luce su cuerpo, lleno de moratones de esos asteroides insensibles, como si no le importara. Mientras que tu corazón se encierra en una caja fuerte por un tropiezo que queda en tu recuerdo.

Te gustaría ser Luna. Brillar tras las nubes negras, alumbrar la oscuridad a tu alrededor, vivir por la noche, sola y sin preocupaciones, alejada de todo lo malo que sucede en cada metro del asfalto. Te gustaría subir a ese Universo tan negro e insondable, para ver si de una vez por todas encuentras tu lugar, tu sitio, tu papel.

Puede que desees  ser Tierra, para que el Mar te acaricie con cada marea; o ser Océano, para alejarte en cada bajamar de las rocas y acantilados que raspan y rasgan tu interior.

Puede que, a pesar de todo, solo busques un granito de amor.

Puede que la vida sea dura para ti.




Pero también puede que quieras solucionarlo al fin.

Que comprendas que las heridas de tus rodillas no salen por las caídas, sino por no levantarte del suelo.

Que quieras ser Océano para besar cada día las orillas de tu amada. O ser Tierra, para sostener de pie a todos a los que amas.

Puede que en vez de ser Luna, prefieras ser Sol. De esta forma, la Luna brillaría gracias a ti, a tu propia Luz, esa que por alguna razón escondes en tu interior.

Piensa que, mañana, un nuevo día prenderá en llamas el firmamento; que, mañana, el horizonte no huirá de ti, que se está acercando por tu espalda. Que, a veces, no tienes que perseguir, sino solo dejar que te alcance esa felicidad.


Así que, por un día, deja de correr, y déjate atrapar. Deja de poner excusas, y déjate abrazar. 

Deja de llorar. Y, por una vez, déjate amar.