sábado, 31 de octubre de 2015

Pero no en esta

Rebobina esa cinta. Parece que el botón es mágico. Podemos volver a instantes pasados.

Mirar fotos en blanco y negro o, lo que es lo mismo, pero en nuestra época, mirar fotos en tuenti.

Podemos escuchar música que nos traslade a hace cinco años. Seis. Quizá siete.

Pero no podemos volver para atrás en el tiempo. Y, a veces, no queremos eso. Únicamente conocer cómo han evolucionado las cosas desde ese momento. Conocer a x persona sumándole estos x años. Pero, a veces, ni siquiera eso es posible. Pasamos por nuestros caminos quemando puentes y destrozando aldeas. No podemos volver a cruzar ese río, ni para preguntar  “¿cómo te va?”. Hay ciertas circunstancias que impiden eso.

Por no volver a quemar pueblos, ni destrozar puentes, debemos guardar todas nuestras ganas de (re)conocer, de preguntar, de preocuparse. Es la redención por nuestros pecados porque, creedme, a veces cuesta. Mantenerse al margen, no poder ayudar porque sabes que es mejor no volver a interferir. Porque ciertas situaciones son petróleo, y tú eres la llama. Existen ciertos puntos negros donde no debes acercarte, a riesgo de destruir otro mundo.

Y pasas por la calle, y ves de reojo a esa persona x, más esos x años. Y no os saludáis, no habláis más que lo que la mirada ha podido decir en un segundo. Un “¿qué tal?”, un “¿cómo te encuentras?”. O, quizá, por la otra parte, un “déjame en paz”.

Muchos años atrás, una persona me dijo “lo que se ha roto, se ha roto”. Y me niego a aceptar esa afirmación como verdad absoluta. Pero, qué demonios. Parece que a veces se cumple. Enhorabuena, tenías razón. Una pena, pero la tenías.

Solo nos queda esquivar ciertas carreteras que mantienen sus semáforos en rojo para nosotros, y buscar las que los mantienen en verde. Y escribir cartas que nunca enviaremos.

Quizá, en otra vida, lo que se ha roto, se pueda arreglar.


Quizá, en otra vida, te pueda volver a preguntar cómo te va. Pero no en esta.