sábado, 29 de agosto de 2015

Resiliencia

[Hoy va con música]



Levanta esos escombros, esas losas
Los sufrimientos que hoy son tus heridas,
Que cicatrizadas serán espinas
Y adornarán el mañana tus rosas

Esa tormenta negra que te acosa
te encierra sin aparente salida
pero esa frustración no es la huida
ni te lleva a una senda amistosa

La vida, a veces una sinrazón
Parece que te dispara metralla
Hoy llega la hora de la insurrección

Salta los obstáculos y esas vallas
Ponle tus garras, entrañas y corazón
Deja el laberinto arrasando murallas

Vence al dolor con reivindicación
Exclama que los golpes no te callan
Y que hoy
                                                     pintarás el mundo de color.

A una persona de tu talla
No le vence la desazón;
que si intentan derribarte, fallan
porque hoy tú
                                                    vas a ser el mejor.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Personas

Os voy a contar una historia. Una historia que me cambio la forma de ver las cosas. Un día, cuando iba de vuelta a casa, un hombre que aparentaba unos cincuenta años, con el abrigo roto y la mirada perdida, se cayó enfrente de mí. Me acerqué y le ayude a levantarse. No supuse que esa ayuda me iba a suponer mucho más a mí que a él“Muchas gracias”, me dijo; y no sé ni cómo sucedió, pero empezamos a hablar. Me contó su historia. Era trabajador en una empresa de transportes. Vivía con su esposa y su hija en un piso del centro. No les sobraba el dinero, pero tenían suficientes medios para llegar a fin de mes, lo que ya era de agradecer. Sin embargo, un buen día se realizó un Expediente de Regulación de Empleo en la empresa donde trabajaba, y todo se torció.  Su única alegría era ver a su hija por las mañanas, y beber de la botella por la noche. Eso acabó con su relación sentimental, y su mujer decidió dejarle e irse lejos con sus padres y su hija.


Me explicó como pasó un año rompiéndose. Sin ninguna esperanza a la que agarrarse, expulsado del piso que tenía alquilado, durmiendo en sucursales de banco o bancos de la calle. Si vierais su mirada no le culparíais de nada. Entiende que su esposa se fuera, y reconoce que fue lo mejor para su hija, “pero eso no evita que tenga mi corazón, mi mente y mi alma hechos pedazos”, me aclaró. Cuando comprendió que por el camino que iba nunca conseguiría volver a ver su hija, decidió cambiar. Dejo el alcohol (lo cual no es fácil para alguien que se ha refugiado de la dureza de la vida en él durante un año) y se puso a ir de ciudad en ciudad: en autobús, en tren, o andando; dependiendo del dinero que consiguiera suplicando en la calle: “¿No buscaste trabajo?”, le pregunté. “Claro que busqué. Pero, ¿tú me contratarías? A las empresas les gusta dar dinero a las obras de caridad, pero no tener cerca a gente como yo. No se fían, y no les culpo. Hace cuatro años yo tampoco me hubiera fiado”.

Lo último que supe de él es que había conseguido un trabajo temporal en el campo. Y era el hombre más agradecido que haya conocido. Todavía me acuerdo de una de las cosas que me dijo. Yo intenté comprenderle: “Debe ser muy duro vivir en la calle. Pasando tanto frío en invierno, calor en verano; comiendo algunos días y otros días con el estómago vacío, sufriendo el acoso de la gente que no entiende nada, yendo de ciudad en ciudad…”. Y él me cambio el modo de ver las cosas:

-Todo lo que has dicho no es lo más duro. Hay algo más duro. He pasado la mayoría de mi tiempo abriendo puertas a la gente en Iglesias, pidiendo en la calle, intentando vender pañuelos a los conductores en los semáforos de Gran Vía. Y lo más duro no es que no te den nada, ni siquiera que te miren mal. Lo peor es que la mayoría de gente no te mira. Le das los “Buenos días” mientras abres una puerta y ellos pasan intentando no mirarte ni de reojo, intentando no rozarte. Te acercas a decirles algo y suben la ventanilla del coche sin mirarte. Pasas el día en una esquina, de rodillas, y no ves ni una sonrisa dirigida a ti. Eso es lo peor. Sentir que ya no eres parte de la sociedad. Que te hacen menos caso que a un animal. Que no eres nada en el Mundo.

Su monólogo me dejó clavado. No había sido una ni dos las veces que había mirado hacia otro lado al pasar por delante de una persona sin hogar, por no sentirme culpable o simplemente por vivir mejor con los ojos cerrados.Desde aquí os lo pido. No es necesario que deis dinero, que les compréis algo para comer. Pero, por favor, recordad que son personas. Hablad con ellos, saludadles si os saludan. Sonreídles. Eso puede llenarles más que un bocadillo frío una vez al día."
[Texto en http://blog.grinbuzz.com/personas]