jueves, 25 de junio de 2015

3,2,1...

Tú sigue con tus pies de plomo
Que no podrás correr y solo irás andando
Y yo quizá me caeré por ir tan rápido,
pero seguro que habré avanzado
Y es que eso es la Vida: acantilados y más acantilados
Caídas que te hacen cosquillas en el estómago
Hasta que, posiblemente, llega la herida
O hasta que, un día, conoces lo que es la Vida

Déjame ir por esta autovía
Que me gusta la próxima parada señalada
(la Felicidad)
Quizá solo sea pasajera, mera alegría
Pero que me quiten lo bailado
Que nos quiten nuestros pasos
Aunque nos pisemos, aunque nos pasemos
Aunque nuestra historia se convierta en un coche parado
En algo fuera de la circulación, caducado
Hasta que descubras que existe ese producto tan ansiado
El Amor puro, que no pasa de fecha, el que está destinado


Tú sigue con tu armadura y tu escudo
Mantente protegido e incorrupto
Pero no me vengas con tus consejos
Como si fueran diamante en bruto
Que yo prefiero mojarme y herirme
Y llorar y sufrir y, quizá arrepentirme
(que ya te digo yo que eso nunca)
Y escuchar tus “Te lo dije”
Prefiero intentarlo, arriesgarme
Tirarme por ese acantilado
Y cuando me veas volando no te diré “Tenía razón, ¿ves?”
Estaré demasiado ocupado
siendo feliz.

Mientras tú, tras tus muros, crees que puedes taparnos con un dedo
Cuando en realidad soy yo el que te veo pequeño
Porque te sobrevuelo, a ti, a tus miedos, a tus consejos
Y vuelo
Y sueño
Y siento
Con ella, con sus alegrías, con su brisa, con su viento,
Con su risa.
Con nuestra Vida.
La que hemos elegido arriesgándonos
Lanzándonos al vacío
Hasta que nos hemos sujetado
Y por eso corro, sin miedo, sin reparo
Porque en ti confío, porque tú me has salvado.

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